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Mostrando entradas de diciembre 28, 2025

El Maestro de Obra y la Vendedora de Sombras

Hay quienes dedicamos la vida a levantar muros piedra sobre piedra, cuidando que el techo no gotee y que el fuego de la familia nunca se apague.  Ser un maestro de obra es un oficio silencioso, requiere más sudor que palabras y más sacrificios de los que el ojo ajeno alcanza a ver. Uno aprende que lo valioso no es lo que se grita en la calle, sino lo que se sostiene con el hombro en la intimidad de la responsabilidad. Sin embargo, a veces aparecen narradores de tormentas. Personas que, al no poder con el peso de su propia realidad, inventan incendios en las casas ajenas. Usan retazos de verdad para coser sábanas de mentiras, intentando convencer al mundo de que otro es el villano. Es triste ver cómo alguien prefiere quemar los puentes que un día cruzó, solo para llamar la atención con el humo de la traición. Lo que estos narradores olvidan es que la verdad no necesita megáfono. Una media verdad es como un dibujo bajo la lluvia, tarde o temprano los colores se corren y queda el pape...

Las raíces y el eco

  Es curioso observar cómo hay quienes, intentando herir, terminan habitando los espacios que uno mismo construyó. Toman prestado el lenguaje incluso, imitan el formato y se sientan en la silla del aprendiz solo para intentar derribar al maestro de su propia vida. Creen que al replicar las formas poseen el fondo, pero olvidan que la identidad no se hereda por cercanía ni se roba por despecho. Se puede imitar el trazo, pero jamás la intención que mueve la mano. Al final, el tiempo pone a cada quien en su lugar, la palabra que nace del rencor nunca tendrá el peso de la palabra que nace de la verdad y la humanidad, una es un eco vacío, la otra es una voz con raíces.  A. Moisés Hurtado Carrasco